
El viernes por la tarde emprendimos el camino a Tafí del Valle, animados por la promesa de mucho rock local y nacional, todo enmarcado en un gran paisaje. En la villa de Tafí por la siesta podía sentirse una atmósfera distinta, de una fiesta nueva, además del fresco que también predisponía bien a cualquiera.
Desde temprano, el club deportivo “Entre Ríos” estaba preparado para la ocasión, no tan solo con dos escenarios, sino también con varios stands que ofrecían desde comida regional y cervezas artesanales hasta tatoos, piercings y peluquería, para los que se sintieran inspirados a un cambio. Para aquellos que tenían ganas de probar su vitalidad antes del pogo tenían chance con un toro mecánico y otros inflables. Varios pudieron llevarse una foto simulando ser una estrella de rock… un simpático recuerdo material del festival. Esta “kermés” dentro del predio agregó más particularidades a lo fue algo nuevo para las tierras tucumanas.
El primer día
El reggae local fue el encargado de romper el silencio en el valle en el escenario “Ente Cultural” con El Club del Reggae, quienes le pasaron la posta a Ad Hoc, Gurú y Valores Reggae. Luego de esto, y como en los grandes recitales, muchos empezaron a peregrinar entre el gran escenario principal y el escenario del Ente, ya que en el momento que La Sueca empezó a sonar bajo el tinglado del escenario menor, Lisandro Aristimuño llamaba con sus acordes al público. En conferencia de prensa, Aristimuño nos contó que se sintió muy a gusto en Tafí, ya que al estar sus raíces en la Patagonia sintió mucha coincidencia, además de percibir un “ambiente sin caretaje”. Antonio Birabent también se sintió inspirado con el entorno natural, e inició el contacto con el público solo con su guitarra para interpretar 2 temas, luego de los cuales se sumó el resto de la banda. Previamente, Jamhila (ex mano negra) dijo presente, dando el toque internacional a las tablas. Mientras tanto, Blues Delivery entregó aires diferentes y una gran potencia al escenario del Ente, en el cual Alem cerró la noche enérgicamente.
Ella es Tan Cargosa encendió la fiesta al caer la noche, pero se quedó con las ganas de entonar Ni Siquiera entre Tus Brazos, ya que en los primeros acordes del tema las amenazas se convirtieron en una bajada un poco violenta del escenario.Lamentablemente esta escena se repite en distintos festivales, cuando por un lado los músicos logran una buena conexión con el público e intentan seguir alimentándola, pero por el otro los organizadores velan por la grilla estipulada… una situación a veces difícil de conciliar.
Karma Sudaca jugó de local en el escenario mayor, haciendo que la gente entrara en calor con los primeros pogos, dejándolos listos para bailar al ritmo de Karamelo Santo. La fiesta se coronó con Kapanga, quienes cerraron la fiesta con El Mono Relojero, haciendo referencia al tope horario de las 4 am que también alcanza los valles.
Sábado de viento y rock
La apertura de la segunda jornada estuvo complicada. Una tormenta de viento se llevó el techo del escenario principal, pero no pudo llevarse el rock. Un poco más tarde de lo esperado Visajes arrancaba, seguido por Merkhaba, quienes debutaban frente al público con rock un poco más duro que lo que el resto del día ofrecía. Los Empleados versionaron algunos sus temas para la ocasión, una apuesta que solo les permitió tocar 3 temas. Los salteños de Gardenia aterrizaron en el valle de Tafí con su primer disco Invocación a los Pájaros, y les siguieron los chicos de Honki Tonk. Aeropuerto y Pecadores fueron las últimas bandas tucumanas del escenario menor, en el que después se acomodaron las bandas de Buenos Aires: Quedate Así, Banda de Turistas y The Tormentos, mientras reorganizaban el escenario principal después de las travesuras del viento.
Los Natas mataron el silencio con su potente rock, para dar paso finalmente a Massacre y más tarde a Catupecu Machu, bandas que con su personalidad hipnotizaron a la gente que, cautivada, no pudo dejar de mirar al escenario, escuchar y saltar al ritmo indicado por la música, hasta que lamentablemente llegó la hora impuesta para el fin de las fiestas.
El final
El tercer día del Rock del Valle estaba dedicado para los seguidores de la música electrónica, pero para nosotros había llegado el momento de abandonar Tafí, cargando en la mochila y en nuestras mentes el recuerdo de un par de días de mucha música, en un paisaje y un clima maravillosos… y por supuesto esperando que el año que viene el rock inunde nuevamente el valle tafinisto. A pesar de algunos detalles que falta pulir, se notó un gran esfuerzo de producción y músicos que hicieron de este un festival que viene a llenar un gran hueco que existía en Tucumán, por la falta de un evento donde bandas locales y nacionales se reunieran en un solo lugar, alimentando los oídos sedientos de rock por varios días.
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